Pero hoy no quería hablar de eso. Quería hablar de qué hacer en uno de los momentos en que el otro hace algo que nos molesta.
Siempre he dicho y creo firmemente que es necesario decirse las cosas ya que la verdad nos hace libres. Aunque sea incómodo, aunque estemos bien últimamente y se acabe teniendo un momento peor. Hay que hablar de lo que no nos gusta, al igual que debemos decirnos lo que sí que nos gusta. Es cierto que nos preguntamos: 'hablar... ¿para qué?'.
Hay muchas razones, pero hoy sólo quiero decir una, la que debe ser siempre más importante:
Hay que hablar para conocernos más y mejor.
Para poder querernos más y mejor.
No se debe buscar convencer al otro, ni hacerle cambiar de opinión, no queremos echar en cara que el primer año que nos conocimos me mandaste una postal de cumpleaños muy fea, ni ninguna otra cosa: no. Lo que queremos es comunicarnos (en el sentido más estricto de la palabra: darnos a nosotros mismos, darnos al otro y recibir al otro con lo que es). Conocer al otro, y si Dios nos los concede, comprender o incluso aceptar y compartir lo que el otro vive en esta situación que nos hace daño a los dos.Quizás no lograremos cambiar a nuestro marido, mujer, novio, novia... Pero es posible que le comprendamos mejor, que nos demos cuenta de qué vive él, y de cómo lo vive. Y desde ahí, sabremos mejor acompañarnos el uno al otro.