martes, 29 de abril de 2014

Aprendió, sufriendo, a obedecer

Cuando hablamos de nuestro matrimonio con otras personas y les contamos las cosas que hacemos, como tomamos decisiones, nuestras aventuras y desventuras, tengo la sensación de que nunca sé describir como transcurre nuestro día a día y que todo parece de color de rosa. Son tantas las dudas, los miedos, los pasos inciertos, los desacuerdos, las diferencias de parecer, incluso las discusiones... Muchas veces tengo la sensación de bracear para no ahogarnos.
Tenemos claro que queremos andar hacia la comunión, hacia la unión en la diferencia. No queremos anularnos, construir algo ajeno a nosotros, a nuestra identidad, ni hacer una fachada bonita a la que la gente mire y quede maravillada. Somos distintos, pero una sola carne. Y eso, ni más ni menos, es lo que queremos ser cada día más auténticamente. Queremos aprender a correr hacia el bien de nuestra unión, desearlo y realizarlo siendo éste el fin último de nuestras vidas y el fin concreto de cada paso que demos en ellas. Esa sola carne, que hoy ya somos y en la que queremos sentirnos cómodos, movernos cómodos, se realiza en cientos de acciones y decisiones cotidianas. Y es en estas en las que braceamos: buscamos a tientas, palpamos a ciegas el futuro en nuestra imaginación, buscando que es más conveniente:
ir a casa de nuestros padres a comer el fin de semana o dejar tiempo para estar solos
hacer la colada entre semana o no
jugar con Pablo por la tarde o recoger el armario, que tanta falta le hace
llevar la plancha al día o no
buscar un trabajo nuevo o quedarnos un tiempo más en éste
quedar a cenar con unos amigos a los que hace tiempo que no vemos pero que sólo pueden quedar tarde
ir a comprar hoy, o esperar hasta mañana
...
Son tantas las decisiones que tenemos que tomar cada día, constantemente, que yo, personalmente, a veces me siento abrumada por la escasa duración de las horas del día, por como vuela el tiempo que paso fuera del trabajo. Y te acuestas por la noche pensando como y cuanto nos hemos acercado un poquito más a la comunión y cuánto, por el contrario, en el día de hoy me he elegido a mi misma y a mis planes. 
El camino de Jesús del 'aprendió, sufriendo, a obedecer' que se dice en la Carta a los Hebreos, claramente culmina en la Cruz. Sin embargo comenzó en lo cotidiano, en el día a día del hogar de Nazaret. Tengo la certeza de que hoy se me pide aprender la obediencia posponiéndome a mi misma una y otra vez por el bien del matrimonio, de la sola carne. Con la certeza, la paz y la alegría de quién se sabe en su camino. Menos mal que no estoy sola en esta tarea que me supera en todos los sentidos.
El Señor, que comenzó en nosotros la obra buena, Él mismo la lleve a término.





lunes, 21 de abril de 2014

FELÍZ PASCUA DE RESURRECCIÓN

Esta entrada tan sencilla como profunda, por todo aquello que toca y a donde llega de nuestra existencia:
¡¡¡¡¡¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!!!!!
¡¡¡¡¡¡VERDADERAMENTE HA RESUCITADO!!!!!!