Algunas veces parece que se espera que respondamos: fatal, nos tiramos los platos a la cabeza, no le soporto más...
Lo cierto es que es difícil. Hay mucho que aprender del otro, pero sobretodo, de uno mismo (jamás pensé que me cansaría tanto esto.... o que me enfadaría lo otro...). Pero con todo, estamos felices, porque uno se encuentra donde realmente pertenece.
"Yo pertenezco a mi amado, y él lo es todo para mi".
No estamos a la deriva de las circunstancias... Es cierto que nuestro barco es pequeñito, como pequeñitos somos Juan y yo. Pero no está entregado a placer de como sopla el viento. En el matrimonio, principalmente, hemos comprometido la voluntad!
Me entrego a ti, y prometo amarte y respetarte...
Ojo, prometo amarte. Todos los días de mi vida. ¡¡Vaya una declaración de intenciones!! Lo que pasa es que el amor, hoy en día no se entiende así. Se tiende a reducir más bien a un sentimiento, a lo que apetece. Ahora sí, ahora no.En el primer post, os hablábamos de un blog que nosotros seguimos, el de la Familia Roa, de León. Acaban de publicar una entrada en la que comienzan a hablar de los distintos grados del amor. ¡Cuánto por aprender, y cuánto por descubrir!
¡Menos mal que no estamos solos! La Iglesia nos acompaña, y en ella, conocemos a muchos otros que, como nosotros, quieren remar hacia delante, en armonía (que no sin dificultades). La entrada de los Roa:
http://luisroa.blogspot.com/2011/09/del-enamoramiento-al-amor.html