martes, 20 de noviembre de 2012

Grandes alegrías cotidianas

Estos días atrás, se casó una pareja amiga, con quienes estamos teniendo la suerte de compartir el Master de Familia que estamos realizando.
Es motivo de orgullo ver que, la gente, sigue apostando por ser felices, de un modo que hoy en día tiende a no entenderse. Huimos (yo el primero) muchas veces de las responsabilidades, de las obligaciones, y más aún cuando son impuestas (incluso si soy yo mismo quien lo hace). Y en esto, el matrimonio se lleva la palma: yo me autoimpongo ser fiel a una promesa realizada, de la que nadie, ni la otra parte, me puede dispensar (aunque mi esposa pudiera permitirme irme con otras mujeres, mi promesa no queda desvirtuada ni pierde su fuerza obligatoria, ni siquiera aunque yo decidiera que ya no vale).
Y es que, verdaderamente el Matrimonio, especialmente el sacramental, el católico, no es para cobardes (aunque mucha gente no sabe que, Dios mismo nos hace capaces de todo, y es que, viendo la Cruz, sabemos que Dios nos ha capacitado para amores heroicos).
Poco tiempo antes (aunque lo cuente después), otra pareja de amigos ha bautizado a su hija. Que gran misterio descubrir que, en nuestra pequeñez, en nuestra indefensión, tenemos un Valedor tan grande, que nos ama tanto y que se "desvive" por incorporarnos en su Familia desde tan pequeños.
Hoy en día se dice que no hay que bautizar a los niños, que mejor esperar para que tomen su decisión. Sin embargo no queremos que nada malo les pase... y solo queremos darles lo mejor. ¿Y si nosotros creemos que lo mejor es eso, ser incorporados en la Familia de la Iglesia y ser hijos de Dios?. Eso si, no nos importa ponerles ropas ridiculas (porque nos gusta a nosotros), les llevamos al colegio o la actividad extraescolar que a nosotros nos parece bien.... y evidentemente, si alguien nos dice alguien, la respuesta clásica es un sonoro: "es mi hijo". Pero parece que no es nuestro hijo si decidimos bautizarles.
Pues ole por estos amigos y por todos aquellos que reciben a los hijos como un don que cuidar (no que poseer). Y que sabiendo que el regalo de los hijos viene de Dios, a Él les consagramos y les bautizamos. Para nosotros fue precioso compartir ese momento (al que si Dios quiere darnos hijos, invitaremos a estos amigos, y a todos, a compartirlo con nosotros).
Otra gran alegría fue que, tras casi año y medio casados, leyendo dedicatorias que nos hicieron en la boda (y que aún no habíamos leido... sin mas comentarios), nos encontramos con una del hermano de Ester que decía: "El mundo es mucho mejor con vosotros casados". Imaginais que alegrón nos llevamos...
Y lo que me ha llevado a pensar.... eso ya lo comento otro día, jejeje