jueves, 24 de mayo de 2012

Estar en guerra

Hace un tiempo estaba convencida de que una pareja que no discutía no era una pareja de verdad. Solía decir a la gente: "Juan y yo discutimos, claro, eso es señal de que somos novios. Es buena señal". Hoy... bueno, hoy matizaría esto, y mucho.
Lo cierto es que si uno pone toda la carne en el asador, no se guarda nada para sí, es normal que lleguen momentos en los que no se está de acuerdo con el otro. Otras veces el otro nos hace daño. También llegan momentos en los que hacemos daño sin querer. Más allá de esto, están los momentos a los que me refiero con "estar en guerra". Son todas las situaciones en las que, sabiendo que haremos daño al otro, no dejamos de hacer, de decir, de callar, de esquivar la mirada... Son tantas y, muchas veces, tan sutiles las maneras que tenemos de herir al otro que a veces me asusto. Alguno se escandalizará, se llevará las manos a la cabeza y dirá que digo barbaridades. La verdad es que yo creo que esto es bastante común y no quisiera tacharlo de nada más que de humano. Las razones por las que llegamos a la guerra con nuestro esposo, novio, ... son muy variopintas. La gran mayoría de las veces, sin embargo, busco defenderme: porque tengo razón, porque me has hecho daño, porque no consiento que digas esto sobre mí u otro sinfín de razones que se os puedan ocurrir. Sucede, y es muy normal, muy humano, que no suele gustarnos quedar por debajo del otro, dejarnos ganar. En la otra cara de la moneda están las situaciones en las que me anulo a mi mismo con tal de jamás llegar a un conflicto. Pero esto es otro caso, y no da el post para tanto.
Desde mi punto de vista, por tanto, es muy diferente que surjan conflictos y malentendidos a estar en guerra. En guerra se está cuando se alza la voz al que tengo delante, sabiendo que le quiero, sabiendo que le hago daño. En guerra, se está cuando afilo las palabras y las lanzo para herir. En guerra se está cuando me callo, sabiendo que con eso hago más daño. En guerra se está, en definitiva, cuando busco, a toda costa, quedar por encima del otro. Cuando quiero que se me reconozca a toda costa. Cuando, cueste lo que cueste... Y en este cueste lo que cueste hiero a quien más quiero. Muchas veces, llegamos a este punto sin darnos cuenta. Un mal día, un gesto que no me gusta, la contestación que estaba esperando, y ¡pum! saco la recortada y hago estragos en el campo de batalla.
No pasa nada. Reculas en cuanto te das cuenta. Echas el freno de mano, tiras de la manilla de emergencia... Si hace falta, con calma, le pides al otro un tiempo, ya que en el momento no tienes el temple necesario para seguir hablando bien, tanto como quieres para él o para ella. En estas situaciones a veces nos encontramos como quien pisa un charco sin haber mirado el suelo. Y notas el agua fría, que te empapa sin tu quererlo. Pues nada, a sacar el pie del charco y a seguir adelante.
En esto hay una cosa en la que no se puede ser tacaño: en pedir perdón. Muchas veces tocará pedir perdón por lo que hemos hecho, sabiendo que nos hemos equivocado. Muchas otras, sin estar de acuerdo en lo que se nos diga, pediremos perdón por haber hecho daño a quien en el fondo no queríamos herir. A mi me ha pasado muchas veces, en las que he dicho "no entiendo porque te hecho daño, es más, creo que yo tengo razón, pero me duele haberte herido, y lo siento. Te quiero más, tú eres más importante."
Lo más difícil, pero lo más importante: leer este post y el día a día pensando en lo que me he equivocado yo, sin negar lo que me ha dolido del otro, pero sin buscarlo... Gracias a Dios, no estamos solos.