miércoles, 30 de noviembre de 2011

Gracias!!

Hace pocos días comenzamos el Adviento. Para todos los que no lo sabíais... hoy es el miércoles de la primera semana de Adviento. Este es el tiempo en el que nos preparamos para el nacimiento de Jesús. Es acompañar a la Virgen María, embarazada, que espera que nazca el niño que está en su vientre. Para Juan y para mí, el Adviento es un regalo. Nos esforzamos por aprovechar este tiempo, para que no llegue la Navidad sin haber pensado, ni un solo día, que es lo que vamos a celebrar (prometo poneros una foto de nuestra corona de Adviento :) ). Además, dentro de 8 días, celebraremos el primer aniversario desde que pusimos fecha para nuestra boda. Y es que en esta vida, hay que celebrarlo todo.
Pero hoy no os quería hablar de Juan, ni de mí. Hoy quería hablaros de la esperanza. No quería que este post tuviera una fecha distinta a la de hoy: 30 de Noviembre. Y es que hoy, primer miércoles de Adviento, es un día lleno de esperanza, de ilusión. Ilusión como la que tendría la Virgen al poner la mano sobre su vientre, y soñar con el rostro de ese niño, que ya estaba muy mayor y que tenía tantas ganas de ver. Ilusión por quien hoy, a pesar de todo, apuesta por seguir teniendo esperanza. Y es a estas personas a quienes quiero dar las gracias.
Gracias por vuestro sí. 
Gracias por que vuestro amor enriquece a la Iglesia.
Gracias por superar vuestro miedo.
Gracias por querer vivir en el Señor. 
Gracias por no conformaros.
Gracias por ser tan valientes.
Gracias por seguir creyendo en vosotros mismos.
Gracias por vuestra generosidad.
Gracias por elegir, libremente, probablemente el camino más difícil. 
Gracias por querer vivir este camino. 
No estáis solos. Esto es una locura, a uno no le salen las cuentas. Al principio, no salen las cuentas porque al pensarlo fríamente, no ve como puede compensar. Luego viene el enamoramiento... No salen las cuentas por el miedo: si sufro, sufriré tanto... ¿Cómo puede compensar? Poco a poco, nace algo más. En el medio, que es donde estoy yo, siguen sin salir las cuentas. Pienso: ¿cómo puede ser? ¿de donde sale tanto bien? de lo que yo he puesto, desde luego que no. ¿cómo podré agradecer tanta bendición? Al final.. pues no se como saldrán las cuentas. Espero que en cuanto a la posesión de mi misma, en cifras muy negativas. Porque nada, nada, nada mio lo quiero para mí. Espero que ese día tampoco me salgan las cuentas. Al menos las humanas. Si tiene que cuadrar algo, que no me cuadre a mí. En cualquier caso, espero compartir ese momento, como muchos otros, con vosotros.
Gracias, de todo corazón.

martes, 15 de noviembre de 2011

Hay esperanza

Hoy solo quiero compartir con vosotros un post de los Roa que me ha hecho mucho bien leer. Espero que os guste tanto como a mí:

http://luisroa.blogspot.com/2011/11/amor-eterno.html


jueves, 3 de noviembre de 2011

Piedras

Llevo unos días cansada, de mal humor. Todo me enfada, todo me irrita, todo me parece mal, inapropiado. Tiendo a poner modificadores absolutos a todas mis frases:
todo, nada, siempre, nunca
Palabras que distorsionan la realidad, la hacen hostil, restan la humanidad a quienes somos, a lo que vivimos. Porque el hombre muy rara vez es absoluto. Muchas veces pretende serlo, pero detrás de cada uno, de cada una de nuestras opiniones, está nuestra historia, lo que hemos vivido. Y cuando uno juzga tan duramente
...todo es una mierda...
...siempre me equivoco...
...no me apetece hacer nada...
se convierte el mundo en un lugar en el que todo pesa. Ayer, aburrida, sin ser capaz de soportarme un segundo más, me paré: ¿acaso yo fui creada para esto? ¿qué me mueve? ¿qué me mueve a estar con Juan, a querer vivir con él, a decirle que sí, cada día?
Me he puesto en el centro, una vez más. Una vez más me he hecho la protagonista de mi vida, a la que llamo mía aunque se me ha regalado. Y cuando uno se pone en el centro, mirándose el ombligo, el otro desaparece. El otro, su rostro, se difumina. Y quién me ha entregado su ser, de repente, se ve desplazado, como un harapo más, al montón de deshechos. No, esto no es lo que me mueve. No, esto no es lo que quiero vivir. Pero... ¿acaso no he entregado también mi apatía? Para bien o para mal, Juan me ha recibido entera, también con esto.
 Menos mal que tenemos los sacramentos. Los que me ayudan a salir de mí, los que me ayudan a entregarme. A hacer carne esta entrega, día a día, en lo pequeño. Así, como soy, más que nunca, me siento amada por Juan. Así, hoy, más que nunca, aprendo como me quiere el Señor. En las caricias de Juan, en lo que me dice con dulzura a pesar de mi aspereza, en su silencio, en todo lo que calla, porque me sabe fuera de lo que quiero para mí. En esto, hoy, encuentro a Jesucristo en mi vida. Y solo así, solo sintiéndome amada en mi pequeñez, es como encuentro las fuerzas para salir de mí, para decir un día mas que sí, decir una vez más perdona, decir un día más que le amo.
Estamos llamados a una esperanza mayor.
¡¡Menos mal que no estamos solos!!