Pero hoy no os quería hablar de Juan, ni de mí. Hoy quería hablaros de la esperanza. No quería que este post tuviera una fecha distinta a la de hoy: 30 de Noviembre. Y es que hoy, primer miércoles de Adviento, es un día lleno de esperanza, de ilusión. Ilusión como la que tendría la Virgen al poner la mano sobre su vientre, y soñar con el rostro de ese niño, que ya estaba muy mayor y que tenía tantas ganas de ver. Ilusión por quien hoy, a pesar de todo, apuesta por seguir teniendo esperanza. Y es a estas personas a quienes quiero dar las gracias.
Gracias por vuestro sí.
Gracias por que vuestro amor enriquece a la Iglesia.
Gracias por superar vuestro miedo.
Gracias por querer vivir en el Señor.
Gracias por no conformaros.
Gracias por ser tan valientes.
Gracias por seguir creyendo en vosotros mismos.
Gracias por vuestra generosidad.
Gracias por elegir, libremente, probablemente el camino más difícil.
Gracias por querer vivir este camino.
No estáis solos. Esto es una locura, a uno no le salen las cuentas. Al principio, no salen las cuentas porque al pensarlo fríamente, no ve como puede compensar. Luego viene el enamoramiento... No salen las cuentas por el miedo: si sufro, sufriré tanto... ¿Cómo puede compensar? Poco a poco, nace algo más. En el medio, que es donde estoy yo, siguen sin salir las cuentas. Pienso: ¿cómo puede ser? ¿de donde sale tanto bien? de lo que yo he puesto, desde luego que no. ¿cómo podré agradecer tanta bendición? Al final.. pues no se como saldrán las cuentas. Espero que en cuanto a la posesión de mi misma, en cifras muy negativas. Porque nada, nada, nada mio lo quiero para mí. Espero que ese día tampoco me salgan las cuentas. Al menos las humanas. Si tiene que cuadrar algo, que no me cuadre a mí. En cualquier caso, espero compartir ese momento, como muchos otros, con vosotros.Gracias, de todo corazón.
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