Hemos
comenzado curso, volvemos a retomar el pulso de la realidad, y por mucho que lo
intentemos, nos supera siempre (sin que esto sea malo, ni mucho menos).
A lo
largo de este verano, hemos aprendido y vivido muchas cosas. Y todas ellas nos
han hecho crecer, tanto en aquello que ha sido dulce y bonito, como en las
cosas más duras y tristes.
Hemos
vivido un final de curso difícil, agobiados por el peso de las carreras, de las
rutinas y de las necesidades del pequeño Pablo, y no hemos sabido manejar bien
todos los tiempos que, como matrimonio tenemos y necesitamos. Pero hemos vivido
también el encuentro como familia, con nuestro deseo de vivir como una sola
carne, de aceptar generosa y responsablemente a los hijos, y con nuestro amor.
Hemos
vivido con un desgarro interior la pérdida que han sufrido unos amigos. Nada
sencillo que todo tu ser se estremezca por un ser que ya no conocerás. Cuando quieres
acompañar desde la distancia a gente que aprecias mucho, y no puedes hacer nada,
ni por esa criatura, ni por esos amigos.
Pero también
hemos vivido la gran alegría del encuentro con otras familias, que quieren
vivir lo mismo que nosotros. El compartir alegre de gente especial, que hace
aún mayor el deseo de VIDA.
Nos
alegramos con una pareja de amigos casados, que tras un tiempo separados (el
mundo del trabajo hoy es “maravilloso”), han logrado, con esfuerzo y valentía, caminar
juntos su vida. Aún cuando su camino compartido tenga que transitar por donde
ellos no quieren (en esto, también sentimos como si fuéramos uno).
Hemos
compartido el gozo inmenso de una nueva familia que dos valientes, “recogiendo
el guante” de Aquel que tano nos conoce y nos ama, les había lanzado. Y de qué
modo tan luminoso han comenzado su camino como matrimonio.
Y
tantas personas y vivencias, que aunque no las contemos, han supuesto un paso
grande en nuestra vida.
El
balance, con todo, es inmensamente positivo. Hemos crecido en acogida, en amor
entre nosotros y con los demás, en confianza en el Señor, en deseos de crecer y
de acompañar a tantos hermanos que andan con nosotros…
Gracias
Señor por estas vacaciones y por esta vuelta al curso.
Por
cierto, Pablete ya anda, jejejeje… ya hablaremos de nuestros dolores de
espalda.
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