lunes, 17 de marzo de 2014

Hacerlo todo nuevo

Parece que fue ayer, que a las 11 de la noche conocimos en persona, al pequeño Pablo. Se resistió a dejar el vientre de su madre, como ahora le cuesta dejar los brazos, en los que está tan contento. Parece que nos dice que el nivel del suelo, no es para él, que el quiere estar en lo alto, para poder verlo todo (porque mira con inmensa curiosidad, o al menos, a mi, como su padre que soy, eso me parece).
Pues ya han pasado algo más de 7 meses desde aquel momento, y cada día, parece un nuevo espectáculo que descubrir y disfrutar. No hay un día igual que otro (incluso haciendo más o menos las mismas cosas). Y es que es importante plantearse las cosas, no como una sucesión de actos, de ritos, de rutinas. Nosotros sabemos que Cristo lo hizo todo nuevo, porque AMÓ HASTA EL EXTREMO.
Nosotros, aunque estemos llamados a participar de esa misma grandeza (por la Redención), aún no la poseemos, pero sí que, a imagen y semejanza de Aquél que nos llamó a la vida, compartimos la capacidad de amar. Y de ese modo, esa aburrida sucesión de días, toman un nuevo sentido.
Y nosotros, cada día, con nuestras debilidades, con nuestros pecados, y también con nuestras fortalezas, con nuestros dones, cuando nos levantamos tras las caídas, vamos descubriendo, en nuestro matrimonio,  y en nuestro hijo, en el trabajo, con quienes no aguantamos (...), las infinitas oportunidades que se nos dan para "hacerlo todo nuevo".

No hay comentarios:

Publicar un comentario