jueves, 20 de octubre de 2011

Privilegiados

Acabo de encontrar esta entrada, que comencé a escribir hace mucho. Me ha gustado, así que aquí os la dejo. Juan y yo estamos bien, felices, aprendiendo mucho, de verdad. Sorprendidos ante tanta gracia, tanta bendición: "¿Cómo te podré pagar tanto bien como me has hecho?". 
Hablando ayer con una compañera de trabajo, me pedía apoyo para argumentar que la gente no debería irse a vivir juntos sin estar casados. En ese momento, no sabía muy bien que contestar. Por un lado, estoy de acuerdo. Por el otro... ufff. ¿Qué nos mueve a nosotros a haberlo hecho de ese modo? Son muchos los que se han acercado a preguntarnos: ¿porqué? Hoy en día, desde luego, puedo decir que todas estas cosas "ya no se llevan", "han pasado de moda", "ya no hace falta". Aquí es donde está la clave de la cuestión. ¡Ya no hace falta! La respuesta que dí a mi compañera, al final, fue simple: "si no conoces nada mejor..." Es decir, ¿qué debe mover al hombre para hacer lo que no es obligado, pero cuesta? Porque cuesta, claro que sí. Pues desde mi (nuestro) punto de vista por una razón muy clara: porque hemos encontrado algo mejor. Es decir: solo paro de comer galletas de chocolate, porque creo que es mejor que engordar sin fin. Y no porque no me gusten las galletas de chocolate. El caso que nos ocupa, de todos modos, es mucho mas gratificante. Lo que recibo al vivir de este modo no es tan subjetivo como el estar más delgada (que nunca es suficiente, y suele dejar insatisfacción profunda ante la falta de frutos). Se concreta en el día a día, en las acciones, en el amor que nos tenemos, que cada día crece a más, pero sobretodo a mejor. No por méritos nuestros (si supiérais...), sino por que hay Alguien concreto, real, que nos sostiene. 

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