miércoles, 28 de marzo de 2012

Siendo familia

Me encantan las comedias románticas. Y las películas de Disney. Me gusta ver la típica película en la que un chico conoce una chica (o al revés) y se enamoran, y empiezan a salir y... al tiempo pasa algo muy gordo peeero acaba bien la cosa. Por lo general, el final es previsible viendo la carátula: Juan es un especialista adivino en saber que pasará en las películas. En las películas de Disney muchas veces el argumento es parecido, aunque no necesariamente tan romántico.
En ambos tipos de película, suele haber unas escenas "resumen". Para muestra un botón: esta canción de Mulán (Disney). Encontramos ejemplos parecidos en muchas otras películas: la acción se acelera y con una canción animada se cuenta como los personajes crecen y se desarrollan en un entorno. Momentos escondidos a la vista del espectador, que mira este minuto rápido de la película con una sonrisa en los labios, animado por la musiquita que lo ameniza. Probablemente pensando en lo maravilloso que es crecer, hacerse fuerte, cambiar las cosas. Esta parte de la historia, la que no se cuenta, es donde vivimos tu y yo.
Pasa igual en la Biblia, con la vida de Jesús. No conocemos qué hizo Jesucristo a lo largo de (más o menos) 24 años de su vida. Aquí, sin canciones que no vienen al caso, hay una vida oculta, que era necesario ser vivida. Esta vida, de la que nadie parece darse cuenta, que parece no importar a nadie, es la que nos toca vivir.
"La vida familiar no es nada emocionante"
Esta vida descansa entre lavadoras, despertador, fregar cacharros, la pasta de dientes... La cena, el aniversario... Risas, lágrimas, buenas contestaciones, silencios, carcajadas, malas contestaciones, más silencios... Así, sin emoción. La pequeñez de la vida.
Pues yo creo que hay que disfrutarla. Y mucho. Sin musiquitas, sin correr demasiado. A lo largo de todos los años que Juan y yo hemos sido novios (7 y medio, hasta que nos casamos) ha habido muchos, muchos días de trabajo, estudio, ayudar a los padres... Días sin nada trascendente. Ni uno de éstos ha pasado en balde. Cada día he crecido a su lado. Y desde Julio, han pasado ya algunos días. Muchos han sido muy parecidos, externamente. No renunciaría a ninguno de ellos.
Madre Teresa decía que no importa la cantidad de cosas que hacemos, sino el amor que ponemos en ellas. Así que a vivir, intensamente, cada día. Intensamente no quiere decir con mucho sentimiento. No quiere decir muy "enamorados". Quiere decir muy vividos. Amando en todo. En la aspiradora. En tender la ropa. En ver una película. En salir con mis amigos. En animarle a quedar con los suyos. En ir a trabajar. En todo, en todo entregarme a Juan. Así, día a día, vamos creciendo (sin quitar cansancios, tristezas, alegrías...). Así, día a día, vamos siendo familia.

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